miércoles, 17 de julio de 2013

LA IZQUIERDA ESPAÑOLA HOY, IGUAL QUE AYER

Completando el análisis de mi anterior colaboración, en el que desmontaba el inmenso decorado de cartón piedra en el que se sustenta la falsa superioridad moral de la izquierda en España, con múltiples ejemplos y datos de su aterrador pasado, nos centraremos en el presente más rabioso –con algunas menciones imprescindibles del reciente pasado- para constatar que, desgraciadamente, nada ha cambiado en la manera de actuar y proceder de esta izquierda sectaria, golpista y dictatorial, que trata de sustituir la democracia por el populismo más radical de ideologías criminales anacrónicas. Tratan de imponer sus intoxicados lemas de odio por la fuerza, cercenando la libertad y subvirtiendo la razón por el fanatismo más extremo, desplazando la serena reflexión y la convivencia pacífica en un Estado de Derecho en pleno funcionamiento por la tiranía más sanguinaria y brutal, buscando la confrontación y la aversión más visceral en lugar de la colaboración para construir, unidos, un futuro mejor.

                Aunque ya dejaron claro su forma de ver la democracia en las jornadas previas a las elecciones del 13 de marzo de 2004 (tras la masacre del 11M), con el caso Prestige o la guerra de Irak, asediando y asaltando más de cien sedes del Partido Popular, donde se pudo comprobar que su paradigma es la actuación de sus antepasados en la 2ª República –no lo pueden remediar pues la cabra tira al monte-, comenzaremos por la mal llamada Ley de Memoria Histórica, un invento del inefable Zapatero en virtud de la cual por el mar corren las liebres y por el campo las sardinas. Un engaño mastodóntico, un fraude ciclópeo sustentado en la mentira y la tergiversación histórica, por la cual los españoles maman el odio y espíritu de confrontación, con un discurso y una estética propio de los regímenes más totalitarios y las orgías identitarias. Esta ley es la mistificación de los demagogos, que agitan en su provecho el resentimiento y la división. Una enorme mentira disfrazada de leyenda, que se transforma en historia por arte de birlibirloque, enfrentando a las dos Españas, favoreciendo a una parte y machacando a la otra.

                Qué decir de ese personaje decimonónico llamado Gordillo y su SAT que, al modo de las hordas marxistas y arrogándose la representación del pueblo  porque sí, asaltan un Mercadona en Écija, robando 10 carros de comida y agrediendo a una cajera. O la ocupación por la fuerza del Palacio de Moratalla de Hornachuelos, en Córdoba, donde más de 400 asaltadores de la propiedad privada se bañaron en la piscina del hotel y prepararon una paella. Desde los 23 años alcalde de Marinaleda , un oasis improductivo y sectario en el que vivir del dinero de los demás, su modelo es el régimen bolivariano del fallecido Chávez, como así ha manifestado el portavoz de IU en el Parlamento andaluz, José Antonio Castro. Un ejemplo de lo que son ellos, sin duda, con el “¡Exprópiese!” como palabra mágica para sus intereses abyectos.

                ¿Y Ada Colau y su PAH?, con sus sicarios y su escrache presionando, acosando y agrediendo a los del PP, con el único fin de amedrentarles y presionarles para que cambien su línea de actuación, porque Colau y sus comandos están en posesión de la Verdad, como lo estaban los Camisas Pardas. Es una activista política radical que no busca justicia, sino venganza; que pretende convertir las penalidades de la gente en el germen de un estallido social que derribe los muros del sistema, instalando ellos su “democracia real”, que todos sabemos de sus “bondades”. Y uno se pregunta: ¿dónde estaba Colau cuando el gobierno de Zapatero, a través de Chacón, aprobó el desahucio exprés? Pues cobrando casi 4 millones de euros para su ONG. No es tonta, no.

                O la cruel, repugnante e infame campaña de acoso y derribo a la juez Alaya, que trata de destapar el caso de corrupción más gigantesco hasta ahora conocido: el de los ERE falsos de Andalucía. Todo un régimen socialista y comunista, con sus sindicatos CCOO y UGT a la cabeza, ha sacado y cargado su enorme maquinaria propagandística para desprestigiar a esta nueva heroína y, al mismo tiempo, ocultar y silenciar toda mención al caso de los ERE en sus medios afines, con Canal Sur y “El País” en primera línea. “Pravda” y “Granma” no lo hubieran mejorado. La garantía de los votos electorales a través de este mangazo descomunal está propiciado por el mismo sistema,  para perpetuar el régimen totalitario en que se ha convertido Andalucía.

                Mencionaremos de pasada, el “asedio definitivo” al Congreso, el próximo 25 de abril, convocado por la plataforma 25-S. Las palabras de Elena Valenciano de que “la derecha y la iglesia son una losa para la mujer”, cuando los socialistas se opusieron al voto femenino en 1931. La ausencia de banderas españolas en los actos de la izquierda. La exposición de una foto del ministro Wert, con tiros en la cabeza, en un Centro de Educación de Sevilla. La quema de la casa de un alcalde del PP de Extremadura, con su familia dentro. La bendición de regímenes comunistas como Cuba y Corea del Norte o sucedáneos como Venezuela y Bolivia. La laxitud y el ponerse de perfil con el islamismo, a pesar de sus horribles crímenes, de la persecución de cristianos y de considerar a la mujer como un ser inferior. La misma Valenciano, que escribió en Facebook: “Si esto no se arregla: guerra, guerra, guerra; si esto no se apaña: caña, caña”, sintomática manera de interpretar la democracia y el Estado de Derecho…

                Toda esta repulsiva y disimulada estrategia ¿a quién beneficia? ¿Quién recoge esos frutos? Pues ese arcaísmo disfrazado de modernidad, de demagogos incendiarios que es la izquierda española, que atiza y alienta el partidismo sectario de unos cuantos manipuladores con la malsana intención de crear un nuevo Frente Popular, para resucitar el famoso cordón sanitario contra el PP que se ideó en el pacto del Tinell. Se trata de ganar con la intimidación y la violencia lo que se perdió en las urnas. Esta paleoizquierda que padecemos jamás reconocerá sus errores y crímenes ni aprenderá de ninguno de sus fracasos, pues las mentes fosilizadas de esta antigualla envilecida sólo buscan alcanzar el poder a cualquier precio, no importa el medio empleado. Conviene estar alerta y, sin embargo, esta sociedad muestra paciencia infinita, sumisión aletargada e indolente, presa de un pasotismo o resignación que puede llevarnos a tiempos pasados terribles. El escritor Albert Camus dijo: “La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”. Estamos avisados.


José Quijada Rubira.


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